jueves, 7 de junio de 2012

La Laguna, Nº 7


Era uno de los caminos por el que más solía ir a casa; este comenzaba al pie de la carretera, entre la casa de Sara de Adolfo y aquel gran almacén viejo o serrería. Caminando por él, cruzaba en diagonal toda aquella zona en la que florecía la hierba y algunos juncos; sobre todo, en la zona más próxima al transformador de la luz, el cual se hallaba frente a la embocadura del callejón que unía este descampado llamado Areeiro con la carretera. El callejón, circulaba entre las casas de Fanego y la serrería.

Aproximadamente en el centro de aquel gran descampado, se hallaba una especie de charca, por cuyo tamaño casi podía calificarse como laguna, razón por la que también se le conocía a dicho descampado. En esta gran charca o ciénaga invadida por los juncos, nos acompañaban con sus cantos nocturnos, las ranas que allí habitaban, entremezclando su croar con el incesante chirrido de los grillos.

Paralela a la carretera principal, y a unos 150 metros de la misma, se hallaban las 5 casas más próximas, entre las que se hallaba el nº 7, que era de mi tío Suso, y en la que vivía con mis abuelos. Por aquel entonces, se rumoreaba entre los vecinos la posibilidad de la apertura de una calle y… ¿por qué no? La urbanización de la zona. Debo recordar, que si para poder dar luz a nuestra casa, fue toda una odisea; viviendo desde el atardecer entre velas, papeleos y propietarios de las fincas, en las que deberían instalar algún poste de madera para el futuro tendido eléctrico. Con la traída de agua nos ocurría lo mismo, y aunque la construcción del pozo al lado de la casa, alivio dichas carencias, el agua para beber la solíamos ir a buscar a Barreiros.

Hacia la parte más alta, lindando con los Pedrouzos, el campo lucia con hierba mucho más verde, aunque recuerdo existía en su cumbre, una especie de fosa de 1 metro aproximado de profundidad, en la que la arena, hacia honor al sobrenombre del Areeiro. A esta altura, y pegado a la carretera, se hallaba la casa de Antonio el electricista y el cascadero, lugar cercano en el que se alquitranaban y tendían las redes de cerco o tarrafas.

Existía otro camino, y de gran importancia, tanto por el tráfico de personas, como por el paso de carros. Este camino, daba comienzo en la misma carretera, y pegado a las casas de Fanego, por el extremo más próximo a los Pedrouzos. Por dicho camino, se podía ir a Cariño de Arriba y a la zona conocida como Barreiros, en cuyo regazo del río que por allí pasaba, lavaban las mujeres la ropa. Recuerdo que entre este camino y las proximidades del cascadero, en la zona que linda con la carretera; habían comenzado a rellenar con las cascaras de los berberechos; un material que ya en aquella época, se reciclaba para otros menesteres, como es el caso.

Con el transcurrir del tiempo, aparecieron construcciones de nuevas casas, entre ellas, la de Maruja de Sande, QPD, y a cuya mediana se adoso la de mi tío Luis. Hacia la parte de atrás, y prácticamente en línea con la del Menofilo, se construyo la de Antón del Pajón. De cualquier manera, aquel ritmo de construcción estaba muy lejano de parecerse a la invasión que borro la más mínima huella, de aquel que en su tiempo se conocía como el Areeiro. De igual manera, quien iba a decir que el sueño de aquella futura calle, solo existente en las mentes de aquellos primeros habitantes del lugar, se quedaría tan solo en una calle cortada. Una calle, que mucho antes de nacer y allá por el año 1960, (año en el que hubo calendarios anunciado el fin del mundo); ya le habían bautizado, como requerimiento para la orientación y localización, con el nombre, como así rezaba en los remites de nuestras cartas, Calle La Laguna, 7, apartado carretera, Cariño (La Coruña). 

Andrés Rubido García

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