viernes, 30 de diciembre de 2011

Bajo el peso de la Ley


Sin ánimo de embarullar, y a pesar de estar reciente mi sesenta y tres cumpleaños, no es menos cierto que ante mis ojos, está a punto de sucumbir la LXIV Nochevieja. En pocas palabras, con la celebración de aquella primera Nochevieja, se cumplían 59 días desde mi nacimiento. Por más cuentas e intentos por forzar mis recuerdos, son muy pocas las que recuerdo haber celebrado con mi familia, y por supuesto, en tierra firme lejos de las amenazas de los vendavales.

Pero como no es mi intención, aguarle la fiesta a ninguno de mis lectores, y mucho menos con agua salada, trataré de abreviar y así poder dar paso al tema que en verdad me interesa.

De la misma forma que puedo ver en mi propia casa los recientes e inminentes preparativos, como requisitos exigidos para poder estar a la altura de dicha celebración; puedo también imaginar con mayor o menor acierto, la realidad de muchos otros hogares españoles. Quizá por ello, y aunque prometí no aguarle la fiesta a ninguno de mis lectores, no puedo pasar por alto la dura realidad de tantos y tantos otros hogares, en los que difícilmente podrán permitirse el lujo de compartir un plato de comida, y mucho menos de esbozar una sonrisa. Una sonrisa difuminada por la lacra del paro, y de muchas otras razones que me niego a enumerar.

Creo que es la impotencia que me corroe, al pensar en ese otro grupo, que a pesar de tener sus cuentas “claras” y lo suficientemente repletas, gracias a las injusticias de estas leyes que hasta ahora, solo han servido para terminar de empobrecer al que menos tiene; se esfuerzan en algunos casos por borrar las huellas de ciertos tipos de delitos. Quebrantamientos de “Leyes” hoy conocidos como: Tráfico de influencias, malversación de fondos públicos y prevaricación. A estos señores, solo les deseo que el nuevo año les llegue cargado de la suficiente salud, para poder afrontar los años de la pena judicial que les pudiera ser impuesta, aunque dudo lleguen a saborear la suerte de perderse entre rejas olvidados del mundo, mientras por sus retorcidas mentes, cabalgan los recuerdos de sus enriquecedoras e interminables listas de delitos. Pudiera ser…pues miren por dónde, al parecer la justicia de las injusticias comienza a flaquear. ¿Será verdad…?

Andrés Rubido García

viernes, 16 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


Desde la más honesta y sincera de mis intenciones, deseo felicitar la Navidad a todas aquellas personas que por creencias o motivos religiosos, gusten de hacer de estas fechas, un especial paréntesis, de recogimiento y unidad familiar. Un paréntesis, en el que nos solemos volver más humanos, más comprensibles, más cariñosos; y como no, más derrochadores.


La perseverancia es el camino que nos lleva a la consolidación de todo aquello que nos propongamos; es por ello, que si lo utilizásemos como pilar de las buenas y sanas costumbres, conseguiríamos un mundo más humano, comprensible y por supuesto, más educado.

No pretendo convencer a nadie con esta reflexión; pero no estaría nada mal, que nos parasemos a pensar en lo positivo que resultaría, tratar de conseguir entre todos la elaboración de un buen caldo de cultivo, con el que poder consolidarnos como una sociedad, en la que todos y cada uno de nosotros, seamos humanamente respetados y aceptados como personas, sin diferencias ni distinción de clases, creencias políticas ni religiosas, ni estatus sociales. Entre otras cosas, porque nuestras obligaciones y derechos como personas, no comienzan con los preludios de la Navidad; ni tampoco terminan con la llegada de las rebajas, o cuesta de Enero, que para aquellos que se olvidan de echar el freno, les resulta más trabajoso poder subirla. La educación y el saber ser y estar, es una asignatura que una vez aprendida, debe ejercitarse y utilizarse toda una vida, y no solo por la Navidad.

Andrés Rubido García

domingo, 11 de diciembre de 2011

Pensando en ti


Hoy, pensando en ti, he sucumbido al sueño entre las imágenes que generosamente danzaban en mi mente, motivadas por este inmortal deseo de recordarte en cada instante. Quizá el hecho de sentirme y ser parte de ti, de todas y cada una de esas vivencias que hoy viven en mí, sean razón más que suficiente, para mantener vivo tu recuerdo.


Hoy, me he visto una vez más, paseando por tus empinadas y sinuosas calles y me he saciado de ti, hasta el punto de dejarme arrastrar hasta la misma embriaguez, con tus innumerables recuerdos. Una embriaguez, en la que olvidado de la realidad del momento, he dejado llevarme por mi desaforado deseo, de sentirme cerca de ti, entregado a ti, viviendo de ti, perdido en ti…


Han pasado tantos años, que a pesar de ello continuo siendo aquel niño que un día te dejo; el mismo que alejándose de ti, lo hacía en la esperanza de volver, para nunca más abandonarte.


Hoy a pesar de haber soñado contigo, me he sentido triste y melancólico, al pensar en lo poco que he disfrutado de ti. Sin embargo, me hace ser feliz el saber que en ti nací, que por entre tus calles jugué y me perdí, y que a pesar de la lejanía soy todo de ti; porque de ti son mis raíces y de ti nacen todos estos bellos recuerdos que un día viví.


Hoy he vuelto a jugar a imaginar, he vuelto a rebuscar entre los recuerdos y sentido la necesidad de expresar una vez más lo que siento por ti. Si supieras las veces que te nombro, las veces que susurro tu nombre…hoy, al despertar de tan maravilloso sueño… ¡Cariño!, mis labios te han vuelto a evocar.

Andrés Rubido García