martes, 27 de septiembre de 2011

Un romántico apasionado


Son muchas las veces en las que pienso y me pregunto si estaré pecando de nostálgico, de romántico…al final, termino desechando todas esas tribulaciones, entre otras cosas, porque mi sentido me invita a dedicar mi tiempo de ocio a aquellos menesteres con los que poder saborear los placeres propios de la vida, de la madre naturaleza; pues son los únicos que verdaderamente llegan a deleitarme, o simplemente a confortarme; sin necesidad de tener que recurrir a los caprichos materiales.

Algo tan sencillo y simple, como esperar la llegada de las primeras luces del alba, con las que poder sentir el despertar de la naturaleza a mí alrededor, fruto de ese edén al que pertenezco y en el que poder recrearme contemplando la inmensa belleza que me rodea. Es así, como sin proponérmelo, me nacen los recuerdos que forman parte de mi más preciado tesoro, que como si de una droga se tratase, me incita a jugar con ellos. 

¿Cuál es el pecado de imaginar? Acaso hemos olvidado algo tan reciente y recurrente, como el hecho de esforzamos en inmortalizar las imágenes de cada uno de los rincones en los que hemos vivido o simplemente visitado, para conservarlas en un álbum, o bien, aprovechando los avances de la tecnología, crear un video. Sin embargo, debo decir, que sin necesidad de menospreciar los dichosos avances tecnológicos; la libertad que me permite mi imaginación, rompe con todos los esquemas habidos y por haber.

Quién no se ha recreado en la imagen de la esposa mientras duerme plácidamente, o en la del hijo. Quién, encontrándose lejos de los suyos, no ha fantaseado, imaginado o vivido de recuerdos que le acercasen al hogar, en un intento por huir de las largas ausencias a las que el trabajo le sometía. Quién, encontrándose sumido en el recuerdo, jugando con la imaginación, no ha sido capaz de caminar por aquel rincón más añorado, e incluso abrazar al ser querido más alejado, para terminar susurrando de viva voz y aunque solo sea en sentido imaginativo ¡Te quiero!, Quién, Quién no ha buscado en su imaginación algún momento de placer, o del cariño de aquel ser, que aunque aletargado, continua vivo en nuestro corazón.

Andrés Rubido García

No hay comentarios:

Publicar un comentario