domingo, 24 de julio de 2011

Galicia en sueños


Porque hoy ya no es como ayer, porque los años me van marcando, porque mi razón de ser se va extinguiendo; por tantas y tantas cosas…, cuanto más lejos te tengo, más te recuerdo y mayor mi deseo por verte. Quizá por eso se me antojan imposibles que solo pueden subsistir en mi imaginación, en mis inocentes deseos.

Quisiera ser como el viento que sobrevuela tus campos, escabulléndose entre los generosos arboles que te regalan su sombra; como las nubes que acarician tu cielo y juegan con los infinitos brillos de tu luz. Quisiera ser, como esa fina lluvia que humedece tu verde piel, como esos ríos de agua cristalina que te cruzan susurrando; quisiera ser como el mar que baña tu costa y golpea sobre tus rocas desnudas. Todo y mucho más…, por estar cerca de ti.

Que me cuesta aceptar que un día llegará y entonces…pero no, no quiero pensar en ello, prefiero mantenerte viva en mi recuerdo, mientras me llega ese dulce momento en el que cierre mis ojos embargado por el sueño. Un largo y profundo sueño que me permita sentirte cerca, a pesar de tenerte tan lejos.

Andrés Rubido García

martes, 19 de julio de 2011

Vivir sencillamente y punto


Vivir, es dar gracias por despertar cada nuevo día, quererse a uno mismo, aprender a conocerse interiormente, a descubrirse, a valorarse, a afrontar nuestros propios defectos e intentar corregirlos, de la misma forma y con la misma dedicación e ilusión con que aceptamos y presumimos de nuestras cualidades.

Vivir es relacionarse con el mundo que nos rodea, siempre con una sonrisa en los labios; vivir es querer y sentirse querido, es caminar sin parar en busca de la felicidad compartida, amando y sintiéndonos amado. Son todas estas razones y cada una de ellas, necesarias para estimular nuestro deseo de vivir y de continuar descubriendo nuevos estímulos, con los que poder reconducir nuestro caminar por este sendero de vida, en ocasiones plagado de espinosos matorrales. Porque de nuestra forma de ser y actuar, dependerá muy mucho, la menor o mayor posibilidad de conseguir hacer este sendero más placentero.

Son tantas las buenas e infinitas razones a nuestro alcance, por las que vivir rodeado de lo verdaderamente necesario e imprescindible para ser feliz, y tan sencillas y naturales, que resulta casi impensable e increíble; sobre todo para personas que aún no han sido capaces de comenzar a desnudarse interiormente, de mirar dentro de sí mismas y como comentaba anteriormente, empezar a conocernos. Claro que para poder llegar a creérnoslo, tendríamos que entender la razón, por la que debemos dar gracias de nuestra razón de ser.

Andrés Rubido García

miércoles, 13 de julio de 2011

Cariño, devoción marinera


Llegada esta época, recuerdo las embarcaciones varadas en la playa que había entre el espigón y la rambla; el olor de la pintura fresca entremezclado con el de la pintura vieja del casco, la cual quemaban para su eliminación, ayudándose de la lámpara de gasolina. Aromas que al igual que el de las algas o el del pescado fresco, me transportan a mí niñez. Recuerdos que me hablan del ruido acompasado de algún que otro martilleo en la operación del calafateado, de los marineros que se encargaban de limpiar y sanear dichas embarcaciones y de la ilusión con la que llevaban a cabo aquellas labores de mantenimiento, en la que una ejemplar razón, les invitaba a esmerarse al máximo en unos trabajos que formaban parte de un ritual, cuya finalidad ya navegaba en sus mentes.

Aunque parezca increíble, el fervor de aquellos curtidos marineros, se despertaba con aquellos trabajos previos a la ornamentación de sus embarcaciones, al gran día. El afán de todos y cada uno de ellos, era estar a la altura de la grandiosidad del momento; de poder mostrarse con sus mejores galas, sonrientes y expectantes de poder un año más, culminar el festivo sueño de todo marinero.

Así, con una ilusión que crece por momentos ligada al más puro fervor; aquellos rudos pero sencillos y nobles hombres, se esforzaban en que llegada la mañana del tan deseado 16 de julio, sus embarcaciones se encontrasen dispuestas para lucir sus mejores galas, sobre las olas de aquel mar que a lo largo de todo el año, había sido la doctrina de sus labores. Un mar sobre el que orgullosamente y como cada año, acompañaran a su Patrona, y en la que las bocinas y sirenas de dichas embarcaciones, nos recordaran la presencia de nuestra Señora, de nuestra Patrona, de esa Bendita e Inmaculada madre, siempre acompañada de su Hijo, que de forma incansable y celestial, vela por todos y cada uno de sus hijos marineros, ayudándoles entre las inclemencias del tiempo, a superar sus temores, a tener la fe necesaria para con ello, poder encontrar el regreso a ese puerto del que un día salieron, y en el que esperan angustiadas sus madres, esposas e hijos. Es por todo ello, por lo que ese día 16, no son solo los marineros los que sienten la necesidad de acompañar a La Patrona, sino también sus familiares, que de igual forma sienten el fervor y la necesidad de agradecerle el haberlos traído sanos y salvo un año más.


¡¡¡Salve!!!, Estrella de los mares.

Andrés Rubido García

martes, 5 de julio de 2011

Cádiz, una sonrisa perdida


Cuando apenas nos separan unos meses del tan deseado y esperado acontecimiento; un gran acto del que se pretende sea la gran evocación del nacimiento de La Pepa en su segundo centenario. Cádiz, nuestra ciudad, dista muy lejana del sueño que vive en la mente de todos los gaditanos. Un sueño alimentado en la necesidad de relanzar el nombre de Cádiz a los cuatro vientos, dejando que el mundo entero se impregne de su existencia, de sus orígenes, de la cultura de esta ciudad con más de tres mil años de historia. Es esta celebración, una grandiosa y sobrada razón a la que los gaditanos recurrimos, para demostrar que Cádiz necesita que dicho Bicentenario, sea además de su grandioso baluarte, la gran plaza sobre la que poder llevar a cabo todos aquellos eventos que ayuden a engrandecer tan magno acontecimiento, y que a su vez, nos asegure un rotundo éxito. Un éxito que sea por así decirlo, la puerta hacia el camino de la recuperación económica, de la creación de puestos de trabajo, de la necesidad de ampliar y facilitar nuestra comunicación con los demás municipios de la bahía y su entorno, de liberarnos de esta sin razón que nos impide avanzar, que nos impide crecer y convertirnos en una ciudad llena de vida y de futuro.

El comienzo de la primavera del 2012, bicentenario de La Pepa, se presagiaba como el gran salto al futuro de lo que ya suponíamos un Cádiz renovado, una ciudad con su tercer acceso o Puente de La Pepa terminado, una estación terminal de autobuses, un aparcamiento subterráneo, sobre el que podríamos contemplar una Plaza de Sevilla totalmente ampliada y renovada. Sería el punto estratégico de confluencia, de tres modalidades de transporte: marítimo, carretera y ferrocarril; toda una gran gesta, pero que en la medida que veíamos avanzar el tiempo, el presagio se comenzaba a desmoronar. La falta de entendimiento de los responsables políticos del Gobierno central, gobierno autonómico y otras hierbas incapaces de poder entenderse con el Ayuntamiento de nuestra Capital, daba al traste en más de una ocasión con los atrasos, descaradamente provocados y que han venido repercutiendo, más que en un retraso, en un bloqueo que a todas luces ha desembocado en lo que ha día de hoy tenemos ante nuestros ojos; un puente en el que el ritmo de sus obras han decaído notablemente, un AVE inexistente y cuyo desdoblamiento de vía no terminará de verse finalizado. A todo esto, tendríamos que añadir otros proyectos que difícilmente podrán verse finalizados, dado el corto periodo de tiempo que nos separa de tan importante acontecimiento, que de seguir así, pasará ante nuestros ojos sin pena ni gloria.

No pretendo ser alarmista ni agorero, pero algo así, necesita de medios que nos permitan avanzar en ese gran proyecto; de nuevas infraestructuras, de dotar a la ciudad de los elementos necesarios para llegado el momento, verla y sentirla como la gran ciudad que siempre ha sido, como la ciudad que deseamos ver luciendo orgullosa su renovada imagen, hasta el punto de poder presumir de su puesta de largo como ciudad moderna y de futuro. En realidad, necesita de todo esto y mucho más; pero para ello, necesitaríamos que tanto los señores gobernantes, como sus más inmediatos opositores, lejos de dedicarse a malgastar su tiempo en proferirse críticas e insultos de cara a la galería; se preocupasen más en aunar esfuerzos, razonamientos y sobre todo en buscar soluciones sensatas. Todo ello sería posible, si olvidasen sus diferencias políticamente idealistas y partidistas, para poder dar respuesta ante un pueblo al que en su día le prometieron con un discurso, más cargado de demagogia que de futuras realidades, un sueño de ciudad y que hoy me creo al igual que la inmensa mayoría de los gaditanos, que se les ha visto el plumero, que no solo se han reído de nosotros con unas promesas incumplidas, sino que además lo continúan haciendo; prueba de ello, el presente cargado de noticias nada favorables.

Siento pena e impotencia, al imaginar que por culpa de un puñado de incapaces, entre cuyas manos peligra el sueño de esta nuestra ciudad, cuya grandeza, arte y gracia nacida de esa blanca sal marinera que la baña por sus cuatro costados, no pueda sonreír como su ayuntamiento y el pueblo gaditano desean.

Andrés Rubido García