martes, 31 de mayo de 2011

A mí Lola


Que importan los años cumplidos, cuando la felicidad ha sido y continua siendo el aroma que estos dejan al pasar. Que importan las arrugas, cuando estas son fiel testigo de nuestro infinito amor. Un amor, que a pesar de esas marcadas huellas que delatan el transcurrir del tiempo en nuestro rostro, se resiste a envejecer.

Recuerdo nuestro primer encuentro, nuestro primer cruce de miradas. Estoy tecleando y mis dedos saltan de felicidad sobre las teclas, ante la suerte de poder continuar acariciando tu piel. Es todo mí ser el que cobra fuerza y se estremece con cada uno de los recuerdos. Recuerdos más o menos recientes, pero que son el estimulo y el deseo de poder decirte tantas y tantas cosas...

Decirte, que no es tan solo el recuerdo, del fulgurante brillo de tus tímidos, jóvenes y bellos ojos, los que acuden a mí mente. Apenas hace un momento que nos miramos y besamos, y sentí la necesidad de plasmarlo en este mi blog, para virtualmente gritar a los cuatro vientos nuestra felicidad.
 
Siento miedo, miedo de esta felicidad que nos rodea, y que al mismo tiempo me embriaga de amor. Siento miedo del tiempo que corre implacable, como queriendo romper este infinito amor que calma mi sed.

Siento miedo y celos de la almohada en la que apoyas tu rostro. Ese rostro que encuentro cada mañana al despertarme y que me invita a besar tus labios con la misma pasión de nuestro primer beso.

En verdad, nada me importa si te tengo a mi lado, si con la mirada permitimos que sean nuestros ojos, los que en silencio nos recuerden que nuestro amor perdura a pesar de las marcadas huellas de nuestro rostro, a pesar del paso de los años. Entre otras cosas, porque el bello ejercicio de besarte a cada momento, en cada noche y antes de dormirme, me permite soñar contigo hasta llegado ese bello instante, en el que mi felicidad se multiplica, con un nuevo beso al amanecer.

Andrés Rubido García

viernes, 27 de mayo de 2011

¡¡¡Basta ya!!!


Me parece estar sufriendo una pesadilla, cada vez que imágenes tan duras y tremendamente primitivas, son realizadas por los que según parece y tengo entendido, son los encargados de velar por la seguridad ciudadana. Se les llena la boca a los señores gobernantes al hablar de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.

Me pregunto con que desparpajo contemplaran desde sus butacones disponibles en el lugar desde el que ejercen el desempeño de sus cargos; las incívicas acciones cometidas por los que formando parte de dicho cuerpo de seguridad, se encargan de repartir a diestro y siniestro, las ordenanzas tal cual recibidas. Quizá un poquito cargadas las tintas en dichos cometidos, o lo que es igual, demasiado ajustadas las ordenanzas dictadas.

Claro que aquí, al igual que en otros muchos desmanes, la culpa termina muriendo soltera porque no es digna de nadie, y termina saltando de mesa en mesa, hasta que se le obliga a dimitir a algún cabeza de turco, porque al parecer se han pasado en el reparto de palizas, de barbarie, de desahogar la furia de forma incontrolada. Tanto es así, que se olvidan de que están tratando con personas civilizadas, capaces de comprender y entender, que ya está bien de tanta injusticia y democracia disfrazada.

Creo que no se necesitan más pruebas que las últimas acciones cometidas, para darnos cuenta, de que son muchos los señores con don de cargo y asignaturas pendientes. Señores que han perdido el tren del progreso y la civilización, por hallarse demasiado entretenidos en sus preocupaciones de ascenso y enriquecimiento. Ya no necesitan más votos, ya se acabo la verbena de siglas, de las promesas, de los mítines. Ahora toca seguir con la misma música que antaño; mientras, las personas, las que entienden la democracia, las que pacíficamente han querido hacerse escuchar. Esas que conforman un todo, un pueblo que sufre y se desgañita la garganta gritándole a estos personajes faltos de valores y civismo: ¡¡¡Basta ya!!!

Andrés Rubido García

miércoles, 18 de mayo de 2011

Democracia y libertad


Por más que lo pienso, no acierto a entender la facilidad con la que tropezamos cada cuatro años, a la hora de ejercer el derecho a voto. Resulta increíble, que después de tantos años desde la transición, no nos hayamos dado cuenta del fenómeno bipartidista, del manejo que descaradamente se traen entre manos, los de siempre. Tan solo les preocupa maquillar los mítines y sobre todo buscar un eslogan que diga algo nuevo, algo que enganche y sirva para embaucarnos una vez más. 

Me atrevería a decir, que han perdido el respeto por los demás y hacia ellos mismos. La utilización del desparpajo con el que utilizan la demagogia se hace patente en cada uno de sus discursos cargado de todo, menos de sinceridades. Capaces de prometernos lo indecible, y de llenarse la boca para desacreditar, inculpar e insultar si fuere necesario a sus oponentes por un puñado de votos. Todo vale entre ellos, siempre y cuando vislumbren la más mínima posibilidad de continuar siendo o llegar a ser, el nuevo inquilino de la Moncloa.

Una vez más se repite, una vez más nos muestran su mejor perfil, sus mejores frases, sus más grandes promesas. Atrás quedan cuatro años de mutuos insultos, injurias y humillaciones; toda una penosa escalada de engaños y de donde dije digo, digo diego. Un largo camino recorrido, en el que el partido de gobierno ha necesitado tres largos años, para terminar dando sentido al significado de “recesión” y que para más inri, nada tenía que ver con la cruda realidad del momento. Una “recesión”, con la que según parece y entre sus lindas cejas el Señor Zapatero, intuía que perjudicaría mucho menos, que el hecho de comunicar lo que ya todos nos temíamos. Una vez más, engañaba a todo un pueblo, que en su momento lo eligió para que defendiera la buena marcha de esta España nuestra. 

Ni que decir tiene, que la oposición ha brillado por su ausencia; una oposición con el Señor Rajoy a la cabeza y desbordada en hacerle entender a su homologo en el gobierno, que se equivocaba de frase. Lo que todavía no han entendido estos señores, tanto por parte del gobierno, como de la oposición, cuando apenas nos separa un año para finalizar esta repugnante legislatura; que dicha mosca llamada crisis, rondaba desde hace tiempo, las orejas de todos los trabajadores españoles. Trabajadores quemados de tanta demagogia, quemados de ver como impasiblemente los máximos dirigentes de los partidos mayoritarios, faltando al respeto y compromiso con aquellos que les votaron, desperdiciaban su tiempo prodigándose insultos y calumnias mutuas. Conductas propias de personas poco éticas y faltas de responsabilidad para con el cargo que les ha sido otorgado por todo un pueblo.

Después de toda esta inútil legislatura, tengo que agradecer la respuesta de un pueblo que cansado de tanto engaño, paro, delincuencia, fraude, corrupción, etc.; ha salido a la calle con deseos de gritarle a estos señores las preocupaciones con las que conviven en el día a día. Son los sentimientos de un futuro incierto de muchos millones de ciudadanos, jóvenes en su mayoría. Un pueblo trabajador que se enfrenta por así decirlo, al fruto de la dejadez y falta de responsabilidad de aquellos, en los que un pueblo había puesto toda su confianza. Hoy un pueblo exhausto pero decidido a terminar con esta puesta en escena bipartidista.
 
El domingo 22 de mayo, los españoles de trece de las 17 comunidades, tenemos un compromiso como ciudadanos. Lo que ya no me queda tan claro, es si para entonces, tendremos despejado lo que nos interesa. Tan solo les invito a que recapacitemos y seamos cautos a la hora de entregar el timón, y lo pongamos al menos, de forma sopesada y juiciosa, en las de aquel grupo que más confianza nos inspire, y…que Dios reparta suerte, para así, poder llegar a buen puerto.

Andrés Rubido García