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Resulta increíble la inmensa cantidad de malvados e indeseables, pululando por nuestra sociedad, entremezclados con personas, cuya única finalidad, es la de convivir en medio de un ambiente sosegado, de entendimiento, educación y civismo. Al fin de cuentas y en pocas palabras, seres humanos, capaces de ayudar y auto-ayudarse.
Sin embargo, a muchos de estos seres humanos, les ha tocado para su desgracia, entablar amistad con alguna que otra “persona”, cuyas muestras de sentimiento y comportamiento a la hora de ganarse nuestra confianza, son simplemente, fruto de una mera falacia.
Los resultados de tan viles artimañas, dependen lógicamente, de la ingenuidad de la persona o personas elegidas para sus fines. Aún así, en un gran número de casos, les cuesta la misma vida continuar falseando. Les suele ocurrir, cuando sin pretenderlo, les puede más la fiera que llevan dentro y les delata. Son por así decirlo, un gran lote de manzanas podridas, desperdigadas en este gran canasto llamado Mundo, cuyo gusano de la maldad, ocultan en sus malvadas y endiabladas entrañas, evitando en la medida de lo posible delatarse.
Se muestran como excelentes y agradables personas, cuando en realidad, y como no en la intimidad de sus hogares, que comparten con sus conyugues e hijos; víctimas al fin y al cabo de sus malvadas actitudes, y en el que más que convivir, sufren en sus carnes, la violencia desenfrenada; de aquel esposo o padre que les ha tocado en suerte. Un monstruo, que aprovechando la intimidad de ese hogar convertido en sala de torturas, y dando rienda suelta a sus cobardes e indeseables instintos de maltratador; tanto a nivel psíquico como físico, libera sus impulsos, hasta conseguir saciar su sed de violencia. Una violencia, que en una gran mayoría de casos terminan desgraciadamente con la vida de alguna de sus víctimas.
Un delito de asesinato a todas luces, por el que después de una breve temporada a la sombra, rodeado de todos y cada uno de los derechos que no como preso, sino como ser humano se merece, salga en libertad, para de esta guisa poder continuar buscando una nueva víctima con la que saciar su sed de violencia. Hasta entonces, son capaces de hacernos creer, o al menos eso intentan, de que la verdadera víctima, parezca la verdadera fiera.
De cualquier manera, a esta creciente y desenfrenada plaga de hijos…del mal; nuestras administraciones, más pendientes de los derechos humanos, que de los endurecimientos de las penas, son incapaces de frenar a tanto desalmado; o al menos de encontrar la medida capaz de poner freno a tantísimo cobarde.
Siento impotencia, cuando a través de los medios de comunicación, me entero que se baraja la reducción o anulación de pena, de una de estas sabandijas. Y en muchos casos, cuando el recuerdo de su víctima, mantiene a muchos ojos llorosos. Un reciente delito que lleva apostillado los agravantes de: acoso, de maltrato psíquico, físico, tentativa de violación o violación consumada, etc. Impotencia, porque nada más respirar el ambiente de libertad, ya están fraguando su próximo delito.
Luego y como siempre, ya demasiado tarde para las víctimas, será cuando las administraciones, echen mano al saco de las putas lamentaciones, y comiencen a buscarle remedio a las grandes, lamentables e irremediables equivocaciones, quitándose de la manga, correcciones demagógicas, con las que buscan acallar a familiares y sociedad. Una sociedad cansada de tanto desacierto y de cuyos labios brotan palabras que claman justicia.
Andrés Rubido García

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