domingo, 21 de marzo de 2010

En defensa de la juventud

Cada día estoy más convencido, que vivimos rodeados de una excelente juventud. De una juventud culta y preparada, que al igual que otras jóvenes generaciones, sufre las consecuencias de la época que les ha tocado vivir. En este caso, los daños colaterales de una crisis, a la que se afanan en combatir, buscando la mejor manera de subsistir, y con la esperanza puesta en una pronta recuperación.

No podemos hablar, a pesar de los actuales y difíciles tiempos que corren; de una juventud derrotada. Yo me atrevería a decir, que nunca en esta España torera, hemos tenido una juventud tan emprendedora y luchadora por su futuro.

Créanme si les digo, que me consta que muchos de ustedes, estarán pensando en ese puñado de jóvenes incontrolados. Siempre entre las manzanas del cesto, hallaremos alguna podrida. Quizá por eso, y partiendo de nuestra obligación y responsabilidad de padres, está en nuestro deber, impedir que dicho mal continúe proliferando.

Hora es ya, de que aquellos que siendo y sintiéndose padres, dejen de mirarse el ombligo y echen mano de las riendas de la responsabilidad, que como padres les pertenece desempeñar. Es muy fácil acusar a educadores académicos, de nuestras incompetencias y fallos, que como padres cometemos a diario con nuestros hijos. De la permisividad y falta de dedicación y preocupación, en cuanto a la educación y elección de valores a inculcar.

A veces pienso en la cantidad de padres, que dedican más tiempo a sus menesteres, que al dialogo que día a día, debemos mantener vivo con nuestros hijos. De ahí, de esa falta de comunicación, de dialogo, de interés y preocupación por sus pequeños o grandes problemas, de la desbordada permisividad, etc., nacen, los que vulgarmente conocemos, por los garbanzos negros de la familia.

Nos molestan sus tendencias, sus juegos, sus hábitos o costumbres. Pero desconocemos el ¿por qué?, como si fuese algo que no tuviese que ver con nuestras obligaciones de padres. Nos limitamos a exigir como adultos, nuestros jodidos derechos, sin importarnos, lo que las administraciones puedan hacer con los suyos. Hasta el punto de acorralarlos en un puto gueto, dentro de cuyos límites, ya no nos importa lo que ocurra. Ahora sabemos que podemos dormir, que vamos a encontrarnos la plaza limpia por la mañana. Eso sí, con algún que otro vómito, fruto del malestar adquirido en el recinto destinado y autorizado, para que nuestros hijos puedan beber hasta la saciedad.

Pena me dan aquellos jóvenes, cuya única información sobre la buena educación y los buenos hábitos, les resulten extraños, y cuyos educados comportamientos, tachen de demasiado cursi o pijos. Pues a excepción de la educación de la calle, tan solo mantienen vivo, el aprendizaje vagamente aportado por unos padres despreocupados, y en algún que otro caso, la del padre maltratador, que también aprovecha el consumo abusivo del alcohol, para descargar su ira contra sus seres más queridos.

Resumiendo, tan solo pretendo de los adultos, y sobre todo de aquellos que siendo padres y sin vacilar, dirigimos nuestras críticas día tras día, sobre nuestros jóvenes; tengamos a bien analizar nuestra, a veces deliberada conducta, a la hora de enjuiciarlos.

Andrés Rubido García

sábado, 13 de marzo de 2010

Asignatura pendiente

En días tan funestos, como los que desgraciadamente nos toca compartir, a través de las trágicas noticias que se cuelan en nuestros hogares, llenándonos de dolor, tristeza, rabia e impotencia. Me veo en la necesidad de hacerme eco de las mismas, protestando y solidarizandome con todos aquellos, que desde sus más profundos sentimientos, se sienten heridos e insultados moralmente.

Por todo ello, y consciente del esfuerzo realizado por la policía, en la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo, tras un año y un mes de su trágica desaparición, y de los careos, interrogatorios e investigaciones llevados a cabo. Llego a la conclusión única, en la que ha día de hoy, tan solo podemos hablar de las toneladas de basura y tierra removida, así como el rastreo de ríos y canales; a los que podemos sumar, una larguísima lista de mentiras y contrariedades, por parte de los implicados en tan trágico suceso. Un asesinato en el que al parecer, las declaraciones obtenidas tras largas investigaciones, se derrumban como si de un castillo de naipes se tratase. Las irrisorias y estrafalarias coartadas, no se mantienen ni con alfileres. Es más, se contradicen o desmoronan en cada nueva declaración.

Por si fuera poco, los citados a declarar, alardean de sus mentiras y se ríen en las mismas barbas de las propias autoridades, sin importarles la repercusión que dichas conductas puedan generar.

Llegados a este punto y, dada la falta de endurecimiento del código penal, ante tales acontecimientos, no debe extrañarnos que tengamos que seguir soportando, la libre existencia de alimañas pululando, campando a sus anchas y alardeando de sus macabros delitos.

Quiero y deseo seguir confiando un poco más, en la capacidad de las mentes entendidas y responsables de dichas leyes, esperanzado en que un día no lejano, podamos hablar de un serio y riguroso endurecimiento del código penal, cuyos resultados, nos hablen a su vez de una reducción de tan macabros delitos. Sería como haber aprobado una de las asignaturas pendientes en la democracia de nuestro País

Vaya desde aquí, mi más sincero y respetuoso sentimiento de solidaridad, con los familiares de Marta, Yeremi, Clara, Desiré, Miriam, Antonia y por desgracia, tantas y tantas criaturas, que han tenido la mala suerte de tropezarse en su camino, con tan depravadas alimañas.

Andrés Rubido García

miércoles, 3 de marzo de 2010

Lobos con piel de cordeo


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Resulta increíble la inmensa cantidad de malvados e indeseables, pululando por nuestra sociedad, entremezclados con personas, cuya única finalidad, es la de convivir en medio de un ambiente sosegado, de entendimiento, educación y civismo. Al fin de cuentas y en pocas palabras, seres humanos, capaces de ayudar y auto-ayudarse.
Sin embargo, a muchos de estos seres humanos, les ha tocado para su desgracia, entablar amistad con alguna que otra “persona”, cuyas muestras de sentimiento y comportamiento a la hora de ganarse nuestra confianza, son simplemente, fruto de una mera falacia.
Los resultados de tan viles artimañas, dependen lógicamente, de la ingenuidad de la persona o personas elegidas para sus fines. Aún así, en un gran número de casos, les cuesta la misma vida continuar falseando. Les suele ocurrir, cuando sin pretenderlo, les puede más la fiera que llevan dentro y les delata. Son por así decirlo, un gran lote de manzanas podridas, desperdigadas en este gran canasto llamado Mundo, cuyo gusano de la maldad, ocultan en sus malvadas y endiabladas entrañas, evitando en la medida de lo posible delatarse.
Se muestran como excelentes y agradables personas, cuando en realidad, y como no en la intimidad de sus hogares, que comparten con sus conyugues e hijos; víctimas al fin y al cabo de sus malvadas actitudes, y en el que más que convivir, sufren en sus carnes, la violencia desenfrenada; de aquel esposo o padre que les ha tocado en suerte. Un monstruo, que aprovechando la intimidad de ese hogar convertido en sala de torturas, y dando rienda suelta a sus cobardes e indeseables instintos de maltratador; tanto a nivel psíquico como físico, libera sus impulsos, hasta conseguir saciar su sed de violencia. Una violencia, que en una gran mayoría de casos terminan desgraciadamente con la vida de alguna de sus víctimas.
Un delito de asesinato a todas luces, por el que después de una breve temporada a la sombra, rodeado de todos y cada uno de los derechos que no como preso, sino como ser humano se merece, salga en libertad, para de esta guisa poder continuar buscando una nueva víctima con la que saciar su sed de violencia. Hasta entonces, son capaces de hacernos creer, o al menos eso intentan, de que la verdadera víctima, parezca la verdadera fiera.
De cualquier manera, a esta creciente y desenfrenada plaga de hijos…del mal; nuestras administraciones, más pendientes de los derechos humanos, que de los endurecimientos de las penas, son incapaces de frenar a tanto desalmado; o al menos de encontrar la medida capaz de poner freno a tantísimo cobarde.
Algo debe de estar funcionando mal en esta sociedad; y yo me pregunto ¿Será cierto aquello, de que en la década de los sesenta, no había tanto desalmado suelto?, ¿será que se han reducido de una manera un tanto especial los castigos penales, como consecuencia de los derechos humanos? ¿A caso no va siendo hora, de que comencemos a discernir con sumo cuidado, entre los psicológicamente enfermos y los puros y duros violentos o asesinos, a la hora de aplicar la ley de los susodichos derechos humanos?
Siento impotencia, cuando a través de los medios de comunicación, me entero que se baraja la reducción o anulación de pena, de una de estas sabandijas. Y en muchos casos, cuando el recuerdo de su víctima, mantiene a muchos ojos llorosos. Un reciente delito que lleva apostillado los agravantes de: acoso, de maltrato psíquico, físico, tentativa de violación o violación consumada, etc. Impotencia, porque nada más respirar el ambiente de libertad, ya están fraguando su próximo delito.
Luego y como siempre, ya demasiado tarde para las víctimas, será cuando las administraciones, echen mano al saco de las putas lamentaciones, y comiencen a buscarle remedio a las grandes, lamentables e irremediables equivocaciones, quitándose de la manga, correcciones demagógicas, con las que buscan acallar a familiares y sociedad. Una sociedad cansada de tanto desacierto y de cuyos labios brotan palabras que claman justicia.
Andrés Rubido García