¡Gracias hijo! Por adelantarte, pues aunque no lo parezca, me has allanado el duro camino de ir tecleando a medida que recordaba, lo que tú admirablemente has dejado plasmado en tu blog. Te agradezco infinito el haber aprovechado tan doloroso y sentimental momento, para recordar cada uno de los gratos momentos que disfrutamos con sus muestras de cariño y agradecimiento. Como se suele decir, “Tan solo le faltaba hablar”. Pero para ella, ese no era un gran problema; pues con cada uno de sus movimientos de cola, alegre mirada y no menos picaresca actitud. Nos transmitía todo su agradecimiento y cariño.
Ha día de hoy, todavía me siento como un verdugo y tan solo me “consuela” el pensar, que elegimos el que creo ha sido el camino correcto.
Por otra parte, necesito creer al igual que tú, que existe algo después de tan cruel realidad. Y eso es lo que más me tranquiliza, pensar que allí estará el abuelo acompañado de Curro y la Eimy, que de seguro los estará malcriando con su manía de darles de comer a cada momento.
Andrés Rubido García

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