sábado, 24 de octubre de 2015

La fuerza del ego



El hecho de haberme educado por aquellos mayores, entre los que citaré a mis antepasados, y cómo no, a aquellos maestros, que tuvieron a bien cumplir con su cometido, sin necesidad de romper, las éticas que como humanos y personas, fueron forjando con el paso de los años. Me lleva a sopesar los delicados acontecimientos, que gran número de ciudadanos, influidos por argumentos nacidos de ciertas habilidades, a todas luces, pretenciosamente políticas; pretenden atentar contra la unidad y estabilidad de un país, sin importarles las consecuencias y opiniones de los que rechazan dichas pretensiones.

No pretendo despojarles de sus razones, o derechos; siempre y cuando se actúe dentro de las normas establecidas, y ya me quedaría muy cursi, aquello de: “por la constitución”. Creo que el resto de comunidades y españoles que constituimos este país llamado España, también tenemos derecho a opinar y a impugnar, sobre el destino de cualquier pueblo español y sus habitantes; y que en este caso, es bueno recordar, que la mayoría de ellos, son contrarios a dicho intento de emancipación.

Resultan paradójicos los comentarios que el señor Artur Mas, en ciertas ruedas de prensa, en las que trata de hacer con sus glosas, la bandera, de lo que seguramente el considera el principio de su gran obra, y bajo cuyo ego, se considera el gran artífice y protagonista principal de la misma. Todo ello, como el único emprendedor capaz de llevar a cabo su ingente propósito; llegando a influir  de manera machacona, en las ideas de muchos ciudadanos, sin importarle las consecuencias que puedan llegar a sufrir aquellos, con los que gusta de sentirse arropado y avalado, para que más tarde, terminen siendo los mismos, sobre los que posteriormente, traslada toda la responsabilidad de la organización del 9-N, utilizando para ello, la misma frialdad, que utiliza para convencerles. De nada sirve que se declare responsable del 9-N, si mantiene que fue ejecutado por los voluntarios.

Esperemos que la cognición del padre de ese hijo nonato, bautizado de antemano con el nombre de “Cataluña Independiente”, deje de lado su ego, y audaz osadía; y echando mano de la reflexión, contemple si la gran mayoría de aquellos otros ciudadanos que rechazan su obstinada finalidad, merecen ser olvidados y obligados a convivir bajo unas condiciones que nunca han contemplado, ni contemplan en su futuro más inmediato.

Andrés Rubido García

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