El
hecho de haberme educado por aquellos mayores, entre los que citaré a mis
antepasados, y cómo no, a aquellos maestros, que tuvieron a bien cumplir con su
cometido, sin necesidad de romper, las éticas que como humanos y personas,
fueron forjando con el paso de los años. Me lleva a sopesar los delicados
acontecimientos, que gran número de ciudadanos, influidos por argumentos
nacidos de ciertas habilidades, a todas luces, pretenciosamente políticas;
pretenden atentar contra la unidad y estabilidad de un país, sin importarles
las consecuencias y opiniones de los que rechazan dichas pretensiones.
No
pretendo despojarles de sus razones, o derechos; siempre y cuando se actúe
dentro de las normas establecidas, y ya me quedaría muy cursi, aquello de: “por
la constitución”. Creo que el resto de comunidades y españoles que constituimos
este país llamado España, también tenemos derecho a opinar y a impugnar, sobre el
destino de cualquier pueblo español y sus habitantes; y que en este caso, es
bueno recordar, que la mayoría de ellos, son contrarios a dicho intento de
emancipación.
Resultan
paradójicos los comentarios que el señor Artur Mas, en ciertas ruedas de prensa,
en las que trata de hacer con sus glosas, la bandera, de lo que seguramente el considera
el principio de su gran obra, y bajo cuyo ego, se considera el gran artífice y
protagonista principal de la misma. Todo ello, como el único emprendedor capaz
de llevar a cabo su ingente propósito; llegando a influir de manera machacona, en las ideas de muchos
ciudadanos, sin importarle las consecuencias que puedan llegar a sufrir
aquellos, con los que gusta de sentirse arropado y avalado, para que más tarde,
terminen siendo los mismos, sobre los que posteriormente, traslada
toda la responsabilidad de la organización del 9-N, utilizando para ello, la
misma frialdad, que utiliza para convencerles. De nada sirve que se declare
responsable del 9-N, si mantiene que fue ejecutado por los voluntarios.
Esperemos
que la cognición del padre de ese hijo nonato, bautizado de antemano con el
nombre de “Cataluña Independiente”, deje de lado su ego, y audaz osadía; y
echando mano de la reflexión, contemple si la gran mayoría de aquellos otros
ciudadanos que rechazan su obstinada finalidad, merecen ser olvidados y
obligados a convivir bajo unas condiciones que nunca han contemplado, ni
contemplan en su futuro más inmediato.
Andrés
Rubido García

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