sábado, 31 de octubre de 2015

Días para recordar



Pasear por tus calles con paso lento, y disfrutando del entorno, como si de algo nuevo se tratase, esperando descubrir o encontrar las respuestas a tantas preguntas, que se han quedado aletargadas en mi mente. Antes, simplemente me dedicaba a corretear, a jugar. Era algo distinto, a lo que me sucede con el paso de los años. Antes era el niño, ahora es el adulto empujado por aquel niño que quiere saber.

A pesar de los años, aun recuerdo la caricia de los días fríos de otoño ¿cómo olvidarlos? ¿Cómo olvidar el calor del hogar, y las castañas asándose en el horno? Sería como desechar parte de los buenos recuerdos, un inmenso lazo de unión. Es esta una época que me acerca a tales costumbres, con las que también he convivido, y me permito recordarlas. A veces, me pregunto si estaré equivocado, al tratar de mantener vivo esos recuerdos, a los que con tanto ahínco me aferro. Son tantas las veces que lamento, no haber podido disfrutar más de tus encantos; de mi gente… de tantas y tantas cosas que pretenden desvanecerse en la lejanía… con el paso de los años, y que impidieron que aquel adolescente disfrutara más de ti, de su pueblo… de mi pueblo.  
   
Días de un preludio en la que siempre acompañaba a mi abuela al cementerio. En mí, solo buscaba la compañía. Yo como siempre, le preguntaba por mi madre, aunque a veces… me privase de ello, para no entristecerla. En cierto modo, y mientras le ayudaba a limpiar aquella lápida, me embargaba una emoción inexplicable. Creo que fueron estas idas y venidas; la contemplación de aquellas fotos, un tanto envejecidas, y los relatos de mi abuela, los que me llenaban de la necesidad de recordarla… un gozo sentimentalmente incumplido. Acaso el hecho de imaginarla abrazándome, y de sentirme por ella tan querido… en mi imaginación, me haya llevado a excederme en mi pertinaz deseo por recordarla. 

Días de flores y lumbre, de aquellas mariposas encendidas, flotando sobre el aceite de los vasos; de collares y pulseras de castañas, y sobre todo, de recuerdos, de preguntas sin respuestas.
De aquella casa en la que nací, apenas conservo recuerdos. Tan solo una vez, en la que habíamos vuelto al pueblo, y que caminando por sus calles de la mano de mi abuela, me indicó que aquella casa que hacia esquina al castro de abajo y a la calle del sol, era la casa en la que yo había nacido, y también… en la que había fallecido mi madre. Por aquel entonces, la señora que se brindó a hacernos pasar, se llamaba Inés, y era la dueña de dicha casa.

¡Te quiero mamá!
Son estos enunciados, parte de un cúmulo de vivencias, que con brevedad fluyen en mi mente, invadiéndola de esos aromas que me recuerdan… que sin haberte conocido ¡te quiero mamá! Recuerdos que me despiertan los sentimientos, fruto de mis vivencias, de mi pueblo. Son por así decirlo, el lazo de unión que me permite reducir la distancia que nos separa, hasta el punto de sentirte, de envolverme en tus encantos, de respirar esa brisa con sabor a mar, a hierba… a castañas asadas, al humo que desprenden las mariposas encendidas, flotando en el aceite, y cuya luz, alumbraba la imagen de aquel Cristo cromado, que presidía tu lapida.

Andrés Rubido García

sábado, 24 de octubre de 2015

La fuerza del ego



El hecho de haberme educado por aquellos mayores, entre los que citaré a mis antepasados, y cómo no, a aquellos maestros, que tuvieron a bien cumplir con su cometido, sin necesidad de romper, las éticas que como humanos y personas, fueron forjando con el paso de los años. Me lleva a sopesar los delicados acontecimientos, que gran número de ciudadanos, influidos por argumentos nacidos de ciertas habilidades, a todas luces, pretenciosamente políticas; pretenden atentar contra la unidad y estabilidad de un país, sin importarles las consecuencias y opiniones de los que rechazan dichas pretensiones.

No pretendo despojarles de sus razones, o derechos; siempre y cuando se actúe dentro de las normas establecidas, y ya me quedaría muy cursi, aquello de: “por la constitución”. Creo que el resto de comunidades y españoles que constituimos este país llamado España, también tenemos derecho a opinar y a impugnar, sobre el destino de cualquier pueblo español y sus habitantes; y que en este caso, es bueno recordar, que la mayoría de ellos, son contrarios a dicho intento de emancipación.

Resultan paradójicos los comentarios que el señor Artur Mas, en ciertas ruedas de prensa, en las que trata de hacer con sus glosas, la bandera, de lo que seguramente el considera el principio de su gran obra, y bajo cuyo ego, se considera el gran artífice y protagonista principal de la misma. Todo ello, como el único emprendedor capaz de llevar a cabo su ingente propósito; llegando a influir  de manera machacona, en las ideas de muchos ciudadanos, sin importarle las consecuencias que puedan llegar a sufrir aquellos, con los que gusta de sentirse arropado y avalado, para que más tarde, terminen siendo los mismos, sobre los que posteriormente, traslada toda la responsabilidad de la organización del 9-N, utilizando para ello, la misma frialdad, que utiliza para convencerles. De nada sirve que se declare responsable del 9-N, si mantiene que fue ejecutado por los voluntarios.

Esperemos que la cognición del padre de ese hijo nonato, bautizado de antemano con el nombre de “Cataluña Independiente”, deje de lado su ego, y audaz osadía; y echando mano de la reflexión, contemple si la gran mayoría de aquellos otros ciudadanos que rechazan su obstinada finalidad, merecen ser olvidados y obligados a convivir bajo unas condiciones que nunca han contemplado, ni contemplan en su futuro más inmediato.

Andrés Rubido García

domingo, 18 de octubre de 2015

Nuestro gozo en un pozo



Hay días en los que uno puede llegar a sentirse enojado con su mala suerte, y no precisamente, por no haber acertado la primitiva. Quizá hoy haya comenzado el día siendo demasiado madrugador. Pues a donde puñetas puede ir uno a las 6:35 horas de la mañana…sin luz y lloviendo. Pero no vengo a relatar mis achaques sexagenarios, y mucho menos contar mi vida. 

Lo que me incita a escribir, es la falta de tacto, de sensibilidad, de escrúpulos, y sobre todo, el exceso de enchufismo, y no precisamente por el alcalde que nos gobierna; sino más bien, por la señora que durante un buen puñado de años, se ha encargado de ir minando las cuentas del ayuntamiento de esta ciudad, de grandes socavones, hasta convertirlo, como bien dice el actual alcalde, en un queso “emmental”. Pues de no ser así, no entiendo ni una papa, de lo que el gobierno del PP pretende llevar a cabo con la ciudad de Cádiz. 

Según parece, y como si de un lapsus se tratase, se han acordado in situ, del socavón existente en las cuentas del ayuntamiento. Y ha sido ahora, ahora que el alcalde se llama José María González Kichi, ahora que este equipo de gobierno, se pelea con los documentos habidos y por haber, por encontrar una solución a la deuda, y a muchísimos problemas heredados del anterior gobierno. Que puñeteras son las casualidades; más de 20 años gobernado Doña María Teófila Martínez Saiz, y el gobierno sin enterarse. Son estas puñeteras “Casualidades” y mala suerte, quizá por aquello de que “A perro flaco, todo son pulgas” Lo que a los gaditanos le carcome las entrañas, y entre ellos, un servidor; que aun habiendo nacido en Galicia, me considero tan gaditano como el que más, y es por ello, por lo que me gustaría que despertásemos de este puto letargo, y le gritásemos a ese gobierno, que posiblemente necesite de hacerle una visita a Gaes, para que de una vez por todas, se entere de que somos la capital del paro, gobernada durante más de 20 años, por un ayuntamiento, que nos ha llevado a la ruina, acumulando una deuda de casi 300 millones de €. ¿Creen ustedes como gobierno, que somos merecedores del recorte que desde el gobierno central se nos pretende hacer? Señorías no se olviden, que el más alto porcentaje de corrupción, está fuera a día de hoy de nuestro ayuntamiento, y cómo no, de las murallas de nuestra ciudad. 

Andrés Rubido García


Para más información:
http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/2134772/las/cuentas/no/salen.html

martes, 6 de octubre de 2015

Aferrado a la Esperanza



Mi primera experiencia, a bordo de un barco de escasos treinta metros de eslora, sirvió además de escuela de “prácticas”; para aprender a separar los sueños del niño, que intentaba dejar de ser, de los de una realidad que duró treinta y dos meses de idas y venidas, a bordo de aquel cascarón, y que terminó, con una encrucijada por así decirlo. La agonía y muerte de aquel barco, con la desazón de mi primer naufragio.

Después de aquel primer mal trago, reanude mi vida de marino, en otro barco de parecidas características, aunque por poco tiempo; pues aquel mismo año hice mi ingreso en la escuela, para mecánico naval. 

Tras los correspondientes años de estudio, entre los que se intercalaron algunos embarques, me llegó el comienzo de formar una familia. El día de mi boda, lo recuerdo como el día más feliz de mi vida…sin olvidar el nacimiento de mi primer, segundo, tercer y cuarto hijo. La vida corre…vuela, y nos da sorpresas, que si bien algunas son compartidas con elogios y alegrías, otras forman parte de lo negativo de la vida, y que nos esforzamos en olvidar.

Tras diecisiete años inmerso en los barcos de pesca, y con un naufragio a mis espaldas, además de ver sucumbir mi puesto de trabajo por primera vez, ante la plaga del paro, por culpa de uno de tantos armadores sin escrúpulos; decido probar suerte trabajando en algún que otro taller en tierra firme. La experiencia como mecánico  en aquel taller, dedicado al mantenimiento de buques de marina mercante, duró dieciocho meses. Si bien es cierto, que gracias a los contactos que hice en aquellos barcos, pude embarcar como mecánico en una naviera; comenzando así mi vida de marino mercante.

A medida que transcurrían los años, se me hacía más difícil el vivir tanto tiempo  separado de la familia. La vuelta a casa me rejuvenecía. Mientras en mi cabeza golpeaba la idea de tener que volver al charco. Verme en el avión, o en el tren, de vuelta al hogar, era algo inexplicable; tanto, que entiendo que resulte difícil concebir, que en alguna que otra ocasión, cuando llegaba de madrugada, el temblor de mi mano al introducir la llave en la cerradura de la puerta de casa, era inevitable, así como la emoción que me embargaba con...el primer abrazo, el primer beso, el olvidarnos de dormir, tanto mi mujer como mis hijos…Siempre lo interpreté, como el premio del marino que regresa al hogar.

Los años y las crudas experiencias en alta mar, que no siempre son placenteras, han ido mermando el potencial de mi filosofía de marino, hasta el punto de llegar a sentir cierto temor, de lo que durante tantos años había sido mi centro de trabajo. Quizá, el haber tenido la suerte, de haberme librado de siniestros anteriores, me llevaba a pensar, que aquel tren de la suerte podía llegar a perderlo en un futuro. 

Ha día de hoy, aún me cuesta entender la idiosincrasia de los que como yo, hemos tenido que sucumbir entre mares de incertidumbre, con las sorpresas que nos deparaba nuestro destino marinero, en silencio, y con la sonrisa forzada en los labios.

Andrés Rubido García