miércoles, 20 de febrero de 2013

Aprendiendo a…vivir



El haber aprendido a canalizar, y a aceptar los entresijos que esta maldita enfermedad haya podido crear en mi mente; después de haber sido catalogado con una  “incapacidad absoluta y permanente”, como consecuencia de la misma; la realidad ante la vida, y mi actitud ante la misma, pasa por vivir cada instante, cada momento con toda la fuerza que mi mente me permita en dicho instante, “esforzándome” en ver el lado positivo, hasta el punto de sentir en lo más adentro de mi ser, el deseo de reír a la vida, y con la misma intensidad, que si del primer instante se tratase. 

Creo que lo verdaderamente importante está en ese instante o presente vivido, quizá por ello, sea de la máxima importancia procurar que el resto de mi vida, pueda llenarlo de esos instantes, entre otras cosas, porque después de haber cruzado ese tétrico umbral, he llegado a la conclusión, de que mi vida está llena de un sinfín de cosas maravillosas, a las que no puedo responder con indiferencia; maravillas que están al alcance de todos y cada uno de nosotros; maravillas, que posiblemente, y aún que suene un tanto diabólico, haya tenido que cruzar esa puerta, para darme cuenta de la importancia de las mismas, de un simple instante, del presente. Algo tan maravilloso, como despertar cada mañana, con la capacidad de poder volver amanecer un día más.

Andrés Rubido García

domingo, 10 de febrero de 2013

Mi Cariño eterno

No me resulta nada fácil, admitir haber llegado al límite de mis cosechados recuerdos, después de un corto, pero alegre viaje  por la senda de los sentidos. A decir verdad, me produce cierta consternación, descubrir que por más que lo deseo, no encuentro el más mínimo resquicio, por el que poder vislumbrar alguna que otra vivencia con el sello de mi pueblo y de sus gentes; que también fueron y son parte importante de mis relatos. Recuerdos que de existir, me resultan imposibles de rescatar.  Recuerdos que quizá  hayan sucumbido irremediablemente en el letargo del olvido. 

A veces pienso, que quizá la intimidad de los mismos, sea la llave que impide a mi consciente traerlos a mi mente. La realidad es que de mis vivencias impregnadas de fina lluvia, del silbido del viento, del  olor a hierba, a leña quemada, a la voz recta y a su vez cariñosa de mi abuelo, a las caricias de las manos de mi abuela, a esas correrías con los amigos de mi infancia y comienzos de mi adolescencia; nada me queda por contaros…que merezca la pena. Tan solo, puedo daros fe del entusiasmo con el que he compartido con vosotros, cada una de esas vivencias o relatos, que son, han sido y serán, la fuente de mi regocijo. Una satisfacción que me impulsaba a seguir escribiendo y recordando aquellos cortos, pero inolvidables años, convirtiendo en puro deleite, cada una de las palabras o referencias utilizadas, para mencionar aquello que con tanto cariño y celo guardo en mi corazón. No creáis que me estoy despidiendo, es algo que no contempla mi forma de ser; tan solo pretendo deciros, que quizá exista un mañana, en el que acuda a refrescar mi mente como si de una brisa norteña se tratase, un pequeño soplo de esos recuerdos, con los que tanto he disfrutado, hasta el punto de hacerme sentir más cerca de mi pueblo y de vosotros.

Andrés Rubido García