sábado, 5 de enero de 2013

Desde la indignación

En esta noche de reyes y con estos tiempos que corren entre el frio del desahucio  y la angustia de la pobreza,  me resulta casi imposible asimilar el fichaje  de Telefónica, ante el estigma que va haciendo poco a poco y día a día, nuevas víctimas de la necesidad y de la indigencia en su más amplio calificativo. Son estos tiempo, los que me llevan a recordar aquella época en la que nuestros antepasados, nos hablaban entre atemorizadas metáforas, quizá un poco faltas de claridad, de las necesidades pasadas durante los años de la guerra y de una larga posguerra, de la que se tardo en recuperar este mismo país. Soplan vientos de vacas flacas, de indignación y de impotencia. Tiempo de río revuelto, en el que la ganancia de los pescadores, es devorada sin lugar a dudas y sin ningún tipo de rubor, por aquellos que siempre han tenido el privilegio de comer, vestir, calzar y cómo no,  veranear y disfrutar de la vida; gracias al puñetero idealismo del pueblo, en el que siempre hemos vivido encerrados y  del que siempre se han aprovechado los mismos, para con ello conseguir sus propósitos. 

Comenzaron  hace tantísimos años, haciéndonos ver el nacimiento de una “Democracia” de mentirijillas, nacida de las medias verdades, o por así decirlo, de la puta política demagógica. Una democracia que nos ha llevado a ver como jugaban con la enseñanza, con las leyes en general, de donde como suele decirse, “hacían de una capa un sayo”. Esto ha ocurrido ante nuestros ojos; ante un sinfín de promesas con las que elaboran sus mítines en busca del voto que les lleve a La Moncloa.  Siento vergüenza ajena  imaginando, como gracias a las autonomías, crearon, mejor dicho, inventaron  puestos de “trabajo” de los que se desprendían los enchufismos, de los que comían y comen un sinfín de personajillos, sin dar un puñetero palo al agua. Unas autonomías que multiplicaron los gastos derivados de la única olla grande del país, o lo que es igual, de los esfuerzos e intereses robados a los que en verdad nos hemos dejado algo más que el sudor y lágrimas, mientras ellos se enriquecían.  Sin apenas darnos cuenta, hemos contaminado nuestro país, de especialistas en malversación de fondos públicos, de prevaricadores, traficantes, violadores y corruptores de sus propias influencias; y gracias a todo esto, un desfasado engorde en sus cuentas corrientes. En pocas palabras, hemos podido ver como se trataban de tapar ciertos tipos de corrupción, con dimisiones de lo más variopintas; pasando por alcaldes, presidentes de comunidades, vicepresidentes, directores de bancos…Jerarquías públicas o privadas, a las que después de habernos arruinado el país, les han tratado de sanear las cuentas, a golpe de tijeretazos, con los que amenazan nuestros puestos de trabajo. A todo aquello por lo que durante toda una vida hemos luchado y que de aquella olla de la que solíamos comer ya solo le queda el fondo.

Andrés Rubido García

miércoles, 2 de enero de 2013

Yo te acepto a ti…como…hasta que…




Hoy como cada 2 de enero y como cada año, nada más despertar, nos hemos dado un beso y mutuamente nos hemos felicitado. Luego,  después de haber bajado a la calle y comprado un ramo de flores; se lo  he regalado, como una muestra más de una consolidada unión de amor y cariño, en la que al igual que en cada pareja, han existido y existen buenos y malos momentos. Son los regocijos, satisfacciones y cómo no, los sinsabores de la vida. 

Cierto es, que esta unión que hoy nos hemos felicitado como cada año, se ha ido con el transcurrir de los mismos, endulzando con la llegada de nuestro primer hijo, Andrés. Después y por buscar la parejita, con el segundo, Néstor; que sí formaba una pareja de hijos, pero de hijos varones. Con ellos fuimos sumando unos cuantos años más a la andadura de nuestro matrimonio. 

Cuando se cumplían 6 años y 9 meses de nuestra unión, y dada la cabezonería de volver a probar suerte en la búsqueda de la niña, nos llego el tercero de los varones, Jesús; no, no es una exclamación, es el nombre con el que por cierto  hoy celebramos su festividad. Unos días después del bautizo, y debido a nuestra falta de acierto en la búsqueda de dicha niña, en un dialogo más que razonado con Loli, decidimos comenzar a jugar con ciertas precauciones; pero eso sí…jugando. Claro está, que todo juego y nunca mejor dicho, conlleva su riesgo y,  11 años después de haber nacido Jesús, y con la acostumbrada  manía del puñetero juego, llego Víctor. Imaginaos por un momento, lo que aquello supuso en el ritmo de nuestro hogar. Comprar otra cuna, otro cochecito, volver a los pañales y cómo no la ropita. A todo esto, debemos sumar el hecho de  confundir a nuestro pequeñín, con en el juguete preferido de la casa, que nada más comenzar a gatear, nos hacia reír y otras veces casi llorar con sus travesuras. Todo eso, aún se quedaría corto de lo que nos esperaba con sus primeros pasos, y que por ser tantas y variadas las trastadas, simplemente citare alguna: En cierta ocasión, le sorprendimos con la esponja del baño sobre el teclado del ordenador de su hermano Andrés, un tanto encharcado. Otro día, introduciendo las pinzas de tender la ropa, en el alojamiento destinado a las cintas de videos…y os comentaré una más, el hecho de tirar por la terraza el bolso de la madrina, que había venido a visitarnos, con la idea de ver a su ahijado. Cierto que pudimos recuperar el bolso sin más, a pesar de vivir en una tercera planta. Nos estaba costando, pero el interés de enseñarle en la medida de su crecimiento, conseguimos al igual que con los demás, que todo volviese a la normalidad.

Hoy, después de mucho ir y venir, después de muchos acontecimientos; la pareja de la foto, nosotros, Loli y Andrés; ya nos han hecho abuelos hace algo más de cinco años. Y es hoy cuando mirándonos a los ojos y recordando alguna de todas aquellas batallitas, cuando dicha foto cumple 40 años, nos admiramos en medio de estos tiempos que corren, en los que la separación de la pareja está a la orden del día; aunque eso sí, sin llegar a sorprendernos de la suerte hasta día de hoy tenida, de que aún podamos  continuar juntos, con la misma fuerza para continuar, y con el mismo cariño con el que hoy nos besamos y mutuamente nos dijimos, Te quiero, porque esa es nuestra realidad.

Andrés Rubido García