miércoles, 16 de marzo de 2011

El valor de la amistad


Puede que el amanecer se haya tornado gris, tanto que los rayos del astro rey nos lleguen tenues y sin brillo. Puede que incluso te hayas despertado invadido por una gran apatía. Puede que hayas tenido que maldecir al tropezar con algo que siempre ha estado ahí, pero que tu mal despertar no te ha permitido ver. Más todo eso se olvida, si tenemos la suerte de contactar con aquella o aquellos que hace tiempo no vemos y que justo en ese instante previo al encuentro, ni te lo podías imaginar. Pero te despiertan y lo vives, como si se tratase de tu mejor día, del día más radiante, de uno de los más felices de tu vida; una grata y gran amistad.

Andrés Rubido Garcia

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