domingo, 28 de noviembre de 2010

Por una inmigración legal


Me pregunto: ¿Allá donde fuéremos, -terruños de los inmigrantes en cuestión- cuantos serían los que nos permitirían convivir en ellos y con ellos, con nuestras costumbres, respetándolas y con derechos a exigir y ser escuchados al igual que los propios nativos?, ¿Nos permitirían vestir según nuestras costumbres, o por el contrario nos exigirían ceñirnos a las suyas, amparadas por sus creencias y religiones?

Es tan arduo y complicado el tema, que creo debería debatirse entre los países que conformamos este viejo y sabio continente. No sin antes, haber llevado cada uno de los países a referéndum, dichas propuestas, con el fin de que fuesen los ciudadanos europeos en su conjunto, los que decidiesen por mayoría las exigencias prioritarias, entre las que figurasen obligaciones y derechos de los inmigrantes con documentación legal. Prohibiéndose y repatriando a sus países de origen, a todos aquellos, cuya entrada a cualquier país de la comunidad europea, se hubiese producido de forma clandestina o fraudulenta.

De ser así, posiblemente reduciríamos todos los temas negativos que se desprenden y genera dicha inmigración. Un tema candente y prioritario entre muchos de los que salpican y lastran el avance de un caótico cerebro europeo.

Andrés Rubido García

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hablando se entiende la gente

Considero alarmante, la facilidad y ligereza, con la que solemos cargar y acompañar nuestros comentarios, de palabras faltas de decoro, e impropias de cualquier tipo de crítica; ya sea de tendencia constructiva o negativa; máxime, cuando dicho comentario, nace del sentir de personas, supuesta y presumiblemente, cultas y educadas; que dejándose llevar por la semilla del odio y de la sin razón, dan pierna suelta a su desenfrenada lista de improperios. Todo ello, sin importarnos "hermosear" dicho comentario, con insultos y descalificaciones hacia nuestros semejantes.

Creo que no necesitamos ir a ninguna universidad, para saber que la violencia engendra violencia; y en este caso, hablo de la violencia utilizada en nuestra forma de expresarnos, ya sea oral o escrita.

Sería bueno, que en estos tiempos que corren, en los que la preocupación de la crisis económica, principal causa del desbordante y creciente desempleo, y en gran medida, de nuestro enojado estado de ánimo; procurásemos canalizar nuestras inquietudes o preocupaciones, sin necesidad de fomentar enfrentamientos verbales, que solo conducen a descalificaciones, que son por así decirlo, la semilla de la intolerancia, de la xenofobia, y de muchas tendencias perniciosas, que pueden llevarnos sin apenas darnos cuenta, a la destrucción del entendimiento humano, y cómo no, de los pueblos. Algo que les ha costado mucho dolor y sangre a nuestros antepasados, a lo largo de la historia de la humanidad, para poder llegar a disfrutar de una libertad de expresión, cuyo único requisito, es ante todo, el del respeto mutuo.

Andrés Rubido García

jueves, 18 de noviembre de 2010

Toda una familia, en estado de coma forzado

Toda una vida esperando a que la justicia se pronuncie y decida qué hacer con unos padres, que llevan 21 años esperando, que se "rectifique" de alguna forma la intolerable e incomprensible equivocación cometida con un hijo; al que la falta de seriedad y dedicación profesional, han postrado de por vida en una cama, en la que yace en estado de coma.

Me refiero y como no podía ser de otra manera, a la familia de Antonio Meño. Una rectificación que dudo puedan solventar, por tratarse de una joven vida destrozada, y junto a la que a lo largo de esos 21 años, envejecen en medio del sufrimiento, unos desesperados padres. Todo ello, gracias a la lenta aplicación de la "justicia" y cómo no, a las compañías aseguradoras, que como siempre y en una gran mayoría de casos, utilizan el instinto de las aves de rapiña; anteponiendo sus intereses a las vidas humanas.

Esperemos que la Justicia Divina se pronuncie e interceda, para que la del sistema acelere un poquito, permitiendo de esa forma que estos sufridos, luchadores y ancianos padres, puedan llegar a ver cumplidos los deseos que con tanto afán persiguen.

Andrés Rubido García

martes, 9 de noviembre de 2010

La libertad en su justa medida

Desde el mismo instante en el que se comenzó a pensar, en el derecho que todo ser humano sin distinción, debe tener, a poder disfrutar de la libertad; nace la necesidad de acotar dicha libertad, para que esta no llegue a convertirse en arma de doble filo; o lo que ha día de hoy, conocemos como libertinaje.

La libertad, un derecho de la humanidad, violado infinidad de veces por la fuerza de la violencia. Quizá, el único recurso nacido y entendido desde la cobardía y desde la sin razón, para acallar las voces de los que murieron luchando por defenderla, utilizando la palabra y dando sentido al dialogo como única herramienta civilizada.

Es por ello, por lo que sería una gran hipocresía, pensar que solo aquellos que conocemos como vándalos, incívicos, delincuentes, violadores, etc., etc.; son los únicos que practican el libertinaje desmedido y desbocado. Apenas había comenzado a gestarse la criatura, la "Señorita Libertad"; cuando en más de una mente retorcida, se estaba fraguando desde la premeditación, la alevosía y porqué no, la nocturnidad; la violación de la "decente y respetable señorita".

Por desgracia, no creo deba de sorprendernos, la realidad de una creciente y desmedida ola de preocupantes noticias, nacidas del seno de la delincuencia, copando la programación de las cadenas televisivas; tanto de los noticieros, como en otros tipos de programación; desde los que se denuncia públicamente las injusticias llevadas a cabo, y que de igual manera, llenan las páginas de nuestra prensa diaria.

Sinceramente, creo como ciudadano de esta intranquila sociedad, que alguien debería hacer algo y comenzar a mover ficha; pues queramos o no, la sociedad comienza a sentirse desprotegida y psicológicamente amenazada; en dos palabras: tiene miedo.

Es para echarse a temblar, ante tanta delincuencia: corrupción, violación y toda una larga lista de delitos cometidos y en una gran mayoría de casos, pasados por los forros de más de una toga. Sin embargo, lo que más me apena, es tener que seguir soportando tanta injusticia, ante una justicia que se me antoja inerte y confundida, entre los derechos y obligaciones, que amparan a los que religiosamente cumplimos cívicamente como personas, pagando nuestros impuestos; para que de forma incomprensible, permitan a los delincuentes pasearse libre y alegremente ante nuestras narices, mientras premeditan el próximo delito. ¿Hasta cuándo?

Andrés Rubido García