Creo
que como ciudadano, tengo el deber de expresar mis sentimientos y opiniones,
sobre los acontecimientos que se puedan derivar o deriven, de los cambios, o
nuevas premisas concernientes a la ciudad que me vio crecer y a la que de mucha
honra, me siento orgulloso de pertenecer.
Por
otra parte, me avala el derecho del contribuyente, que dicho sea de paso,
llegado su momento y al igual que muchos otros conciudadanos, hace tambalear mi
ya escasa economía cada seis meses. Dicho esto, y sin pretender desviarme de lo
que hoy me ocupa; decir que en medio de este mar de aguas turbulentas, resulta
complicado analizar y entender, si la mayor parte de los malos entendidos,
discrepancias o contradicciones entre los distintos partidos políticos, amén de
sectores en defensa de temas tan peliagudos como fueron o siguen siendo: El
edificio de la aduana, antigua Escuela Náutica, el nombre del segundo puente,
etc., etc., son nacidos del imprescindible razonamiento, o por el contrario, de
la más pura y detestable cabezonería.
Como
saben, se ha suscitado un nuevo y polémico debate, concerniente a uno de
nuestros más respetuosos y entrañables acontecimientos. Les hablo como no podía
ser de otra manera, de nuestro querido Carnaval.
En
mi opinión, y sin pretender menospreciar las demás; me remito simple y
llanamente, a aquellas que se fundamentaran y afanarán, en hacernos pensar en
la cantidad de veces, que hemos tenido que quedarnos sin cabalgatas, sin coros
en la plaza; argumentándonos las consecuencias de las inclemencias del tiempo y
lógicamente, en su desbordado afán por tunearnos la moto.
Piensan
y creen además, que la única traba que nos impide trasladarlo a la temporada
estival, se debe al cariño que le podamos tener a ese bendito mes de febrero, y
que dicho fundamento, no es más que la relación de: febrero-Carnaval. Ni que
decir tiene, que febrero ha sido y es la madre del carnaval y por supuesto, que
estoy en contra de cambiarle el nombre a tan entrañable fiesta.
Mi
opinión personal, desecha totalmente la posibilidad de pretender romper, la
correlación de los cuarenta días que median, entre el comienzo del carnaval y
el de la Semana Santa. ¿Se acuerdan ustedes del Jueves de Corpus gaditano? ¿qué
fue de él?.
Está
comprobado, que siempre que se han llevado a cabo, cambios en celebraciones
tradicionales, nunca se ha contado con la opinión del pueblo, o lo que es
igual, con la opinión del contribuyente.
Yo
personalmente, no pretendo desechar ninguna de las opiniones que se puedan
suscitar al respecto. Pero si de verdad estimasen mínimamente la verdadera
tradición de dicha fiesta; seguro que les dolería tener que regresar a las
"Fiestas típicas gaditanas". Esta es una fiesta del pueblo y para el
pueblo, y nada ni nadie, debe trastocar lo que de toda la vida ha sido y debe
continuar siendo, el disfrute de los gaditanos. Tan solo la mala o buena suerte
que las inclemencias del tiempo nos depare, podrán permitirnos o no, disfrutar
de nuestro carnaval. Entre otras cosas, porque no me imagino la madruga de un
Viernes santo en pleno mes veraniego.
Andrés
Rubido García

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