miércoles, 15 de septiembre de 2010

Las injusticias de la Justicia

Dada la cantidad de delincuencia desatada, y del esfuerzo por parte de la justicia en reinsertar a los delincuentes, de los que cierto porcentaje se desmarcan voluntariamente, al no querer entender la civilización como una forma de vida. Sin querer caer en el pozo de la sin razón y mucho menos, pensar en la arcaica e incívica pena del talión. Me gustaría conocer, hasta cuándo debemos seguir soportando la aplicación de una justicia, que a mi modo de ver, se muestra y comporta como el cascarón de un viejo barco, al que se le ha intentado reparar con parches inapropiados, y lo que es peor, aplicados sobre un cascarón incapaz de soportar más remiendos, y que ha día de hoy continua haciendo agua.

Dicho en otras palabras, creo que estamos faltos de información; necesitamos que alguien nos esclarezca, el porqué de tantos errores cometidos, por personas autorizadas en la aplicación de la "justicia". Una "justicia" que desde el otro lado de la sociedad, desde la opinión de muchos ciudadanos, entendemos como fallida, como justicia mal aplicada, como una justicia que se contradice, que favorece al delincuente y cuestiona la libertad y los derechos de los ciudadanos; cuyo único delito, es cumplir y pagar religiosamente sus derechos.

¿Acaso tiene perdón o justificación, los delitos llevados a cabo por delincuentes que disfrutando de permiso carcelario, vuelven a reincidir, con resultados nefastos para las víctimas que caen entre sus garras?

¿Debemos pensar que dichos permisos carcelarios, han sido concedidos por una fallida evaluación sobre el penado, por parte del equipo responsable de evaluar a dicho penado, así como del autorizado a conceder dicho permiso?

¿Tan poca importancia tienen los trágicos resultados que se desprenden de dichas equivocaciones, como para continuar aplicando una ley incapaz de convencer a la ciudadanía.

No les voy a invitar a que recapaciten porque sí, y punto; pero si para que lo hagan desde el temor y la impotencia que respira la sociedad. Una sociedad que por cada día que pasa, se halla más sumida en la intranquilidad, rodeada de delincuentes que campan a sus anchas. Unos delincuentes, que conocedores de una justicia que les condena por una puerta y les invita al poco tiempo a salir por la otra, se sienten cada vez más tentados a continuar practicando sus fechorías.

Pena me dan las víctimas y sus familiares; estos últimos, resignados a vivir ahogados en el llanto de la impotencia, que en más de una ocasión, les ha cegado y obligado a echar mano de la más injusta de las soluciones: la venganza.

Me imagino, a alguno de los aludidos y en alguna que otra ocasión, cuestionado la justicia, tal cual se aplica. Es por ello, por lo que les pediría, se despojasen por un momento de sus togas y de alguno que otro de los artículos contenidos en dicha ley; aunque solo fuese como se suele decir hoy en día, de una manera virtual, para así, desde nuestro instinto más humano y cívico, encontrar la solución con la que en la medida de lo posible, podamos ser testigos de una disminución de la delincuencia.

Andrés Rubido García

viernes, 10 de septiembre de 2010

¿Culpable...o inocente?

Un día más...que comienza cargado de contrariedades y fatalidades; y como siempre, impregnado de una ironía que a su vez, desprende el vasto aroma de la injusticia, sacudida por las medias verdades. Todo ello, producto de los constantes errores cometidos por esta incorregible sociedad, que un día tras otro, han convertido en una costumbre reiterativa, y casi compulsiva, el dichoso dicho popular, según el cual, continuamos tropezando con el ya vejestorio pedrusco.

Creo que nos excedemos, al abusar y hacer nuestras, ciertas responsabilidades que no nos corresponden, aplicando sobre nuestros semejantes, juicios de valor, que en una gran mayoría de casos, quedan fuera de lugar; y que dicho sea de paso, son responsabilidades, que tan solo y únicamente dependen y conciernen a personas autorizadas y en algunos casos colegiadas.

Para bien o para mal, no podemos continuar obrando a la ligera, imputando o defendiendo a personas, por ciertas causas de las que desconocemos los hechos. Ni que decir tiene, las veces en las que los propios medios de comunicación, se ven obligados a desmentir ciertas noticias; ya sea por la pretendida urgencia, que persigue a la consabida primicia a la hora de publicarla, o por el simple hecho, de haber recabado información de fuentes poco fidedignas.

Creo que no podemos acreditar ni desacreditar, como si de un juego se tratase, el merecimiento o no, hacia una o varias personas por causas atribuibles. Somos muy dados a llevar o llevarlas en volandas hacia un pedestal, del que poco más tarde, tiraremos, insultaremos y poco menos que lincharemos, con adjetivos y calificativos, totalmente fuera de las exigencias de un vocabulario meramente civilizado y correcto. Todo ello, gracias a una propaganda nacida del seno de personalidades, con cierta capacidad de poder social o político; que a su vez, aprovechando la cobertura de los medios, pecan de ligereza a la hora de ensalzar o degradar, sin haber tenido la más mínima y obligada precaución de indagar a la persona o personas en cuestión.

Andrés Rubido García