miércoles, 18 de agosto de 2010

La perversa indiferencia

A menudo echo mano de la venerada libertad, para expresar los sentimientos. Aquellos que más deseo compartir, sin necesidad de albergar esperanza alguna de que sean escuchados. Creo que para todo hay un momento, y no es este precisamente el indicado para expresarlos de viva voz. Tan solo y con suerte, esperar a que sean leídos por alguien que como yo, siente y disfruta compartiendo desde el silencio. Algo tan sencillo, como respetar la llamada del corazón y dando rienda suelta a esa fuente, cuyo fresco y cristalino susurro, nacido del generoso chorro que emana por su caño; impida que la indiferencia se imponga, invitando a enmudecer la única fuente de la verdad.

No quiero ser una de esas fuentes, cuyos caños han enmudecido para ser presa del moho, fiel testigo del largo tiempo transcurrido, desde sus últimos susurros. En ellas, en el regazo de sus inquebrantables silencios, adormecen las largas historias, de otras tantas criaturas que calmaron su sed en ellos. Eran otros tiempos, en los que la indiferencia no alcanzaba a enmudecerlos.

Andrés Rubido García

martes, 10 de agosto de 2010

Españoles sí, gilipollas no.

En este mundo cambiante, lleno de contrariedades, demagogias y todo un rosario de mutuos insultos; costumbre cada vez más acusada entre nuestros políticos y que en más de una ocasión, me ha llevado a pensar en la similitud existente, entre los plenos de los "Señores diputados" y los interminables programas de la televisión basura, de los que me privare de mencionar, para no darles más propaganda, de la que ya disfrutan en esta España invadida por la "cultura del pelotazo".

Un menú de desaguisados con el que los responsables políticos nos hacen comulgar. Son los mismos que nos piden, que seamos buenos ciudadanos, que seamos tolerantes, que fomentemos las buenas conductas entre nuestros hijos, y por supuesto, que no nos olvidemos de votarles. Algo con lo que yo personalmente estoy de acuerdo y que deberíamos de acatar a pies juntillas todos los españoles, que ha día de hoy, todavía nos encontramos conmocionados con la roja, cuando deberíamos de comenzar a preocuparnos de recordarle a estos señores: Que se preocupen de predicar con el ejemplo, en esta España que navega a la deriva, de la mano de un capitán sin muchos conocimientos y un relevo en el banquillo opuesto, que aún no ha sido capaz de pronunciarse al respecto; quizá, porque todavía este buscando un rumbo que nos lleve a buen puerto.

Mientras esto ocurre, cosa que dudo, sería bueno que no nos confiemos demasiado y procuremos estar atentos a posibles nuevas sorpresas. Y sobre todo, llegado el momento, no nos olvidemos de cumplir con ese requerimiento que con tanto afán nos piden, y votémosles...pero fuera de sus escaños.

Andrés Rubido García